Abel Sánchez
Abel Sánchez —¡JoaquÃn, JoaquÃn, te estás rebajando y la estás rebajando…! ¿O crees que no más verte y oÃrte y saber que la quieres y ya debÃa rendÃrsete?
—SÃ, siempre he sido antipático…
—Vamos, hombre, no te pongas asÃ…
—¡Es que esa mujer está jugando conmigo! Es que no es noble jugar asà con un hombre, como yo, franco, leal, abierto… ¡Pero si vieras qué hermosa está! ¡Y cuánto más frÃa y más desdeñosa se pone más hermosa! ¡Hay veces que no sé si la quiero o la aborrezco más…! ¿Quieres que te presente a ella…?
—Hombre, si tú…
—Bueno, os presentaré.
—Y si ella quiere…
—¿Qué?
—Le haré un retrato.
—¡Hombre, sÃ!
Mas aquella noche durmió JoaquÃn mal rumiando lo del retrato, pensando en que Abel Sánchez, el simpático sin proponérselo, el mimado del favor ajeno, iba a retratarle a Helena.
¿Qué saldrÃa de allÃ? ¿EncontrarÃa también Helena, como sus compañeros de ellos, más simpático a Abel? Pensó negarse a la presentación, mas como ya se la habÃa prometido…