Abel Sánchez
Abel Sánchez —SÃ, voy a dejársela al que va a ser tu marido, bajo mi alta inspección, por supuesto. ¡Lo guiaré, y yo a mis cosas! Y viviremos todos juntos, y será otra vida…, otra vida… Empezaré a vivir; seré otro…, otro…, otro…
—¡Ay, papá, qué gusto! ¡Cómo me alegra oÃrte hablar asÃ! ¡Al cabo!
—¿Que te alegra oÃrme decir que seré otro?
La hija le miró a los ojos al oÃr el tono de lo que habÃa debajo de su voz.
—¿Te alegra oÃrme decir que seré otro? —volvió a preguntar el padre.
—¡SÃ, papá, me alegra!
—¿Es decir que el otro, que el otro, el que soy, te parece mal?
—¿Y a ti, papá? —le preguntó a su vez, resueltamente, la hija.
—Tápame la boca —gimió él.
Y se la tapó con un beso.