Abel Sánchez
Abel Sánchez Fue entonces, en efecto, cuando empezó a escribir su Confesión, que asà la llamaba, dedicada a su hija y para que ésta la abriese luego que él hubiera muerto, y que era el relato de su lucha Ãntima con la pasión que fue su vida, con aquel demonio con quien peleó casi desde el albor de su mente, dueña de sà hasta entonces, hasta cuando lo escribÃa. Esta confesión se decÃa dirigida a su hija, pero tan penetrado estaba él del profundo valor trágico de su vida de pasión y de la pasión de su vida, que acariciaba la esperanza de que un dÃa su hija o sus nietos la dieran al mundo, para que éste se sobrecogiera de admiración y de espanto ante aquel héroe de la angustia tenebrosa que pasó sin que le conocieran en todo su fondo los que con él convivieron. Porque JoaquÃn se creÃa un espÃritu de excepción, y como tal torturado y más capaz de dolor que los otros, un alma señalada al nacer por Dios con la señal de los grandes predestinados.