Abel Sánchez
Abel Sánchez —Debe de andar muy ocupado tu padre —decÃa JoaquÃn a su yerno—; apenas aparece por aquÃ. ¿Tendrá alguna queja? ¿Le habremos ofendido yo, Antonia o mi hija en algo? Lo sentirÃa…
—No, no, papá —asà le llamaba ya AbelÃn—, no es nada de eso. En casa tampoco paraba. ¿No te dije que no le importa nada más que sus cosas? Y sus cosas son las de su arte y qué sé yo…
—No, hijo, no, exageras…, algo más habrá…
—No, no hay más.
Y JoaquÃn insistÃa para oÃr la misma versión.
—¿Y Abel, cómo no viene?… —le preguntaba a Helena.
—¡Bah, él es asà con todos!… —respondÃa ésta.
Ella, Helena, si solÃa ir a casa de su nuera.