Abel Sánchez
Abel Sánchez Y asà era que en cuanto se encrudecÃa el tiempo Abel se quedaba en casa y hacÃa que le llevasen a ella el nieto, lo que amargaba para todo el dÃa al otro abuelo. «Me lo está mimando —decÃa JoaquÃn—, quiere arrebatarme su cariño; quiere ser el primero; quiere vengarse de lo de su hijo. SÃ, sÃ, es por venganza, nada más que por venganza. Quiere quitarme este último consuelo. Vuelve a ser él, él, él, que me quitaba los amigos cuando éramos mozos».
Y en tanto Abel le repetÃa al nietecito que quisiera mucho al abuelito JoaquÃn.
—Te quiero más a ti —le dijo una vez el nieto.
—¡Pues no! No debes quererme a mà más; hay que querer a todos igual. Primero a papá y a mamá y luego a los abuelos y a todos lo mismo. El abuelito JoaquÃn es muy bueno, te quiere mucho, te compra juguetes…
—También tú me los compras…
—Te cuenta cuentos…
—Me gustan más los dibujos que tú me haces… ¡Anda, pÃntame un toro y un picador a caballo!