Abel Sánchez
Abel Sánchez Al oÃr pasos precipitados, volviendo JoaquÃn en sÃ, volvióse. Era Helena, que entraba.
—¿Qué pasa…, qué sucede…, qué dice el niño…?
—Que la enfermedad de tu marido ha tenido un fatal desenlace —dijo JoaquÃn heladamente.
—¿Y tú?
—Yo no he podido hacer nada. En esto se llega siempre tarde.
Helena le miró fijamente y le dijo:
—¡Tú…, tú has sido!
Luego se fue, pálida y convulsa, pero sin perder su compostura, al cuerpo de su marido.