Abel Sánchez
Abel Sánchez —¿Engañarte? ¿En qué? ¿Te ha prometido algo?
—¿Y a ti?
—¿Es tu novia acaso?
—¿Y es ya la tuya?
Callóse Abel, mudándosele la color.
—¿Lo ves? —exclamó JoaquÃn, balbuciente y tembloroso—. ¿Lo ves?
—¿El qué?
—¿Y lo negarás ahora? ¿Tendrás cara para negármelo?
—Pues bien, JoaquÃn, somos amigos de antes de conocernos, casi hermanos…
—Y al hermano, puñalada trapera, ¿no es eso?
—No te sulfures asÃ; ten paciencia…
—¿Paciencia? ¿Y qué es mi vida sino continua paciencia, continuo padecer? Tú el simpático, tú el festejado, tú el vencedor, tú el artista… Y yo…
Lágrimas que le reventaron en los ojos cortáronle la palabra.
—¿Y qué iba a hacer, JoaquÃn, qué querÃas que hiciese…?
—¡No haberla solicitado, pues que la querÃa yo…!
—Pero si ha sido ella, JoaquÃn, si ha sido ella…