Abel Sánchez
Abel Sánchez —No puedo, no puedo, no puedo trabajar. Su gloria no me deja.
—Hay que hacer un esfuerzo…, para eso el hombre es libre.
—No creo en el libre albedrÃo, padre. Soy médico.
—Pero…
—¿Qué hice yo para que Dios me hiciese asÃ, rencoroso, envidioso, malo? ¿Qué mala sangre me legó mi padre?
—Hijo mÃo…, hijo mÃo…
—No, no creo en la libertad humana, y el que no cree en la libertad no es libre. ¡No, no lo soy! ¡Ser libre es creer serlo!
—Es usted malo porque desconfÃa de Dios.
—¿El desconfiar de Dios es maldad, padre?
—No quiero decir eso, sino que la mala pasión de usted proviene de que desconfÃa de Dios…
—¿El desconfiar de Dios es maldad? Vuelvo a preguntárselo.
—SÃ, es maldad.
—Luego desconfÃo de Dios porque me hizo malo, como a CaÃn le hizo malo. Dios me hizo desconfiado…
—Le hizo libre.
—SÃ, libre de ser malo.
—¡Y de ser bueno!
—¿Por qué nacÃ, padre?