Abel Sánchez
Abel Sánchez Concluyeron ambos el bachillerato. Abel se dedicó a ser artista siguiendo el estudio de la pintura y JoaquÃn se matriculó en la Facultad de Medicina. VeÃanse con frecuencia y hablaba cada uno al otro de los progresos que en sus respectivos estudios hacÃan, empeñándose JoaquÃn en probarle a Abel que la Medicina era también un arte, y hasta una arte bella, en que cabÃa inspiración poética. Otras veces, en cambio, daba en menospreciar las bellas artes, enervadoras del espÃritu, exaltando la ciencia, que es la que eleva, fortifica y ensancha el espÃritu con la verdad.
—Pero es que la Medicina tampoco es ciencia —le decÃa Abel—. No es sino una arte, una práctica derivada de ciencias.
—Es que yo no he de dedicarme al oficio de curar enfermos —replicaba JoaquÃn.
—Oficio muy honrado y muy útil… —añadÃa el otro.
—SÃ, pero no para mÃ. Será todo lo honrado y todo lo útil que quieras, pero detesto esa honradez y esa utilidad. Para otros el hacer dinero tomando el pulso, mirando la lengua y recetando cualquier cosa. Yo aspiro a más.
—¿A más?