Abel Sánchez
Abel Sánchez —SÃ, a Helena.
—Que no lo es, precisamente.
—Para mà como si lo fuese. Es la madre de mi hijo…
—¿Nada más?
—Y toda madre es virgen en cuanto es madre.
—¡Ya estás haciendo teologÃa!
—No sé, pero aborrezco el reaccionarismo y la gazmoñerÃa. Todo eso me parece que no nace sino de la envidia, y me extraña en ti, que te creo muy capaz de distinguirte del vulgo, de los mediocres, me extraña que te pongas ese uniforme.
—¡A ver, a ver, Abel, explÃcate!