Del sentimiento trágico de la vida
Del sentimiento trágico de la vida Y con esto de ser base de acción y cimiento de moral el sentimiento de la incertidumbre y la lucha Ãntima entre la razón y la fe y el apasionado anhelo de vida eterna, quedarÃa, según un pragmatista, justificado tal sentimiento. Mas debe constatar que no le busco esta consecuencia práctica para justificarlo, sino porque la encuentro por experiencia Ãntima. Ni quiero ni debo buscar justificación a ese estado de lucha interior y de incertidumbre y de anhelo; es un hecho, y basta. Y si alguien encontrándose en él, en el fondo del abismo, no encuentra allà mismo móviles e incentivos de acción y de vida, y por ende se suicida corporal o espiritualmente —o bien matándose o bien renunciando a toda labor de solidaridad humana—, no seré yo quien se lo censure. Y aparte de que las malas consecuencias de una doctrina, es decir, lo que llamamos malas, solo prueban, repito, que la doctrina es para nuestros deseos mala, pero no que sea falsa, las consecuencias dependen, más aún que la doctrina, de quien las saca. Un mismo principio sirve a uno para obrar y a otro para abstenerse de obrar; a este para obrar en tal sentido y a aquel para obrar en sentido contrario. Y es que nuestras doctrinas no suelen ser sino la justificación a posteriori de nuestra conducta, o el modo como tratamos de explicárnosla para nosotros mismos.