Del sentimiento trágico de la vida
Del sentimiento trágico de la vida Un pedante que vio a Solón llorar la muerte de un hijo, le dijo: «¿Para qué lloras asÃ, si eso de nada sirve?» Y el sabio le respondió: «Por eso precisamente, porque no sirve.» Claro está que el llorar sirve de algo, aunque no sea más que de desahogo; pero bien se ve el profundo sentido de la respuesta de Solón al impertinente. Y estoy convencido de que resolverÃamos muchas cosas si saliendo todos a la calle, y poniendo a luz nuestras penas, que acaso resultasen una sola pena común, nos pusiéramos en común a llorarlas y a dar gritos al cielo y a llamar a Dios. Aunque no nos oyese, que sà nos oirÃa. Lo más santo de un templo es que es el lugar a que se va a llorar en común. Un Miserere, cantado en común por una muchedumbre, azotada del destino, vale tanto como una filosofÃa. No basta curar la peste, hay que saber llorarla. ¡SÃ, hay que saber llorar! Y acaso esta es la sabidurÃa suprema. ¿Para qué? Preguntádselo a Solón.