Del sentimiento trágico de la vida
Del sentimiento trágico de la vida Hay algo que, a falta de otro nombre, llamaremos el sentimiento trágico de la vida, que lleva tras sà toda una concepción de la vida misma y del universo, toda una filosofÃa más o menos formulada, más o menos consciente. Y ese sentimiento pueden tenerlo, y lo tienen, no solo hombres individuales, sino pueblos enteros. Y ese sentimiento, más que brotar de ideas, las determina, aun cuando luego, claro está, estas ideas reaccionan sobre él, corroborándolo. Unas veces puede provenir de una enfermedad adventicia, de una dispepsia, verbigracia, pero otras veces es constitucional. Y no sirve hablar, como veremos, de hombres sanos e insanos. Aparte de no haber una noción normativa de la salud, nadie ha probado que el hombre tenga que ser naturalmente alegre. Es más: el hombre, por ser hombre, por tener conciencia, es ya, respecto al burro o a un cangrejo, un animal enfermo. La conciencia es una enfermedad.
Ha habido entre los hombres de carne y hueso ejemplares tÃpicos de esos que tienen el sentimiento trágico de la vida. Ahora recuerdo a Marco Aurelio, San AgustÃn, Pascal, Rousseau, René, Obermann, Thomson, Leopardi, Vigny, Lenau, Kleist, Amiel, Quental, Kierkegaard: hombres cargados de sabidurÃa más bien que de ciencia.