Del sentimiento trágico de la vida
Del sentimiento trágico de la vida Y es que las ciencias, importándonos tanto y siendo indispensables para nuestra vida y nuestro pensamiento, nos son, en cierto sentido, más extrañas que la filosofÃa. Cumplen un fin más objetivo, es decir, más fuera de nosotros. Son, en el fondo, cosa de economÃa. Un nuevo descubrimiento cientÃfico, de los que llamamos teóricos, es como un descubrimiento mecánico; el de la máquina de vapor, el teléfono, el fonógrafo, el aeroplano, una cosa que sirve para algo. AsÃ, el teléfono puede servirnos para comunicarnos a distancia con la mujer amada. ¿Pero esta para qué nos sirve? Toma uno el tranvÃa eléctrico para ir a oÃr una ópera; y se pregunta: ¿cuál es, en este caso, más útil, el tranvÃa o la ópera?
La filosofÃa responde a la necesidad de formarnos una concepción unitaria y total del mundo y de la vida, y como consecuencia de esa concepción, un sentimiento que engendre una actitud Ãntima y hasta una acción. Pero resulta que ese sentimiento, en vez de ser consecuencia de aquella concepción, es causa de ella. Nuestra filosofÃa, esto es, nuestro modo de comprender o de no comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento respecto a la vida misma. Y esta, como todo lo afectivo, tiene raÃces subconscientes, inconscientes tal vez.