La TÃa Tula
La TÃa Tula Pero el artificio se hizo en ella arte, y luego poesÃa, y por fin más profunda naturaleza que la del instinto ciego. Fue un culto, un sacrificio, casi un sacramento. El biberón, ese artefacto industrial, llegó a ser para Gertrudis el sÃmbolo y el instrumento de un rito religioso. Limpiaba los botellines, cocÃa los pisgos cada vez que los habÃa empleado, preparaba y esterilizaba la leche con el ardor recatado y ansioso con que una sacerdotisa cumplirÃa un sacrificio ritual. Cuando ponÃa el pisgo de caucho en la boquita de la pobre criatura, sentÃa que le palpitaba y se le encendÃa la propia mama. La pobre criatura posaba alguna vez su manecita en la mano de Gertrudis, que sostenÃa el frasco.