La TÃa Tula
La TÃa Tula —Es que yo soy chico y tú no eres más que chica ——oyó que le decÃa un dÃa, con su voz de trapo, RamirÃn a su hermanita.
—RamirÃn, RamirÃn —le dijo la tÃa—, ¿qué es eso? ¿Ya empiezas a ser bruto, a ser hombre?
Un dÃa llegó Ramiro, llamó a su cuñada y le dijo:
—He sorprendido tu secreto, Gertrudis.
—¿Qué secreto?
—Las relaciones que llevabas con Ricardo, mi primo.
—Pues bien, sà es cierto; se empeñó, me hostigó, no me dejaba en paz, y acabó por darme lástima.
—Y tan oculto que lo tenÃais…
—¿Para qué declararlo?
—Y sé más.
—¿Qué es lo que sabes?
—Que le has despedido.
—También es cierto.
—Me ha enseñado él mismo tu carta.
—¿Cómo? No le creÃa capaz de eso. Bien he hecho en dejarle: ¡hombre al fin!
Ramiro, en efecto, habÃa visto una carta de su cuñada a Ricardo, que decÃa asÃ: