Niebla
Niebla —¿Ella? ¡Como yo! Esto es una mala jugada de la Providencia, de la Naturaleza o de quien sea, una burla. Si hubiera venido… el nene o nena, lo que fuere… si hubiera venido cuando, inocentes tórtolos llenos, más que de amor paternal, de vanidad, le esperábamos; si hubiera venido cuando creÃamos que el no tener hijos era ser menos que otros; si hubiera venido entonces, ¡santo y muy bueno!, pero ¿ahora, ahora? Te digo que esto es una burla. Si no fuera por…
—¿Qué hombre, qué?
—Te lo regalaba, para que hiciese compañÃa a Orfeo.
—Hombre, cálmate, y no digas disparates…
—Tienes razón, disparato. Perdóname. Pero ¿te parece bien, al cabo de cerca de doce años, cuando nos iba tan ricamente, cuando estábamos curados de la ridÃcula vanidad de los recién casados, venirnos esto? Es claro, ¡vivÃamos tan tranquilos, tan seguros, tan confiados…!
—¡Hombre, hombre!
—Tienes razón, sÃ, tienes razón. Y lo más terrible es, ¿a que no te figuras?, que mi pobre Elena no puede defenderse del sentimiento del ridÃculo que la asalta. ¡Se siente en ridÃculo!
—Pues no veo…