Niebla
Niebla —¡Pues no he de atreverme! Ese pobre don Augusto me parece a mà que no anda bien de la cabeza, y pues ha tenido ese capricho, no creo que debemos molestarle…
—De modo que tú…
—Pues ¡claro está, rica, claro está!
—Hombre, al fin y al cabo.
—No tanto como tú quisieras, según te explicas. Pero ven acá…
—Vamos, déjame, Mauricio; ya te he dicho cien veces que no seas…
—Que no sea cariñoso…
—¡No, que no seas… bruto! Estáte quieto. Y si quieres más confianzas sacude esa pereza, busca de veras trabajo, y lo demás ya lo sabes. Conque, a ver si tienes juicio, ¿eh? Mira que ya otra vez te di una bofetada.
—¡Y qué bien que me supo! ¡Anda rica, dame otra! Mira, aquà tienes mi cara…
—No lo digas mucho…
—¡Anda, vamos!
—No, no quiero darte ese gusto.
—¿Ni otro?
—Te he dicho que no seas bruto. Y te repito que si no te das prisa a buscar trabajo soy capaz de aceptar eso.