Niebla
Niebla —Pues bien, Eugenia, ¿quieres que te hable con el corazón en la mano, la verdad, toda la verdad?
—¡Habla!
—Yo te quiero mucho, pero mucho, estoy completamente chalado por ti, pero eso del matrimonio me asusta, me da un miedo atroz. Yo nacà haragán por temperamento, no te lo niego; lo que más me molesta es tener que trabajar, y preveo que si nos casamos, y como supongo que tú querrás que tengamos hijos…
—¡Pues no faltaba más!
—Voy a tener que trabajar, y de firme, porque la vida es cara. Y eso de aceptar el que seas tú la que trabaje, ¡eso, nunca, nunca, nunca! Mauricio Blanco Clará no puede vivir del trabajo de una mujer. Pero hay acaso una solución que sin tener yo que trabajar ni tú se arregle todo…
—A ver, a ver…
—Pues… ¿me prometes, chiquilla, no incomodarte?
—¡Anda, habla!
—Por todo lo que yo sé y lo que te he oÃdo, ese pobre don Augusto es un panoli, un pobre diablo; vamos, un…
—¡Anda, sigue!
—Pero no te me incomodarás.
—¡Que sigas te he dicho!