Niebla
Niebla Abalanzóse Augusto a la chica, que se habÃa ya puesto en pie, la cogió, la apretó contra su pecho, juntó sus labios secos a los labios de ella y asÃ, sin besarla, se estuvo un rato apretando boca a boca mientras sacudÃa su cabeza. Y luego soltándola: ¡anda, vete!
Rosario se salió. Y apenas se habÃa salido fue Augusto, y cansado como si acabase de recorrer a pie leguas por entre montañas se echó sobre su cama, apagó la luz, y se quedó monologando:
«La he estado mintiendo y he estado mintiéndome. ¡Siempre es asÃ! Todo es fantasÃa y no hay más que fantasÃa. El hombre en cuanto habla miente, y en cuanto se habla a sà mismo, es decir, en cuanto piensa sabiendo que piensa, se miente. No hay más verdad que la vida fisiológica. La palabra, este producto social, se ha hecho para mentir. Le he oÃdo a nuestro filósofo que la verdad es, como la palabra, un producto social, lo que creen todos, y creyéndolo se entienden. Lo que es producto social es la mentira…».