Niebla
Niebla Al sentir unos lametones en la mano exclamó: «Ah, ¿ya estás aquÃ, Orfeo? Tú como no hablas no mientes, y hasta creo que no te equivocas, que no te mientes. Aunque, como animal doméstico que eres, algo se te habrá pegado del hombre… No hacemos más que mentir y darnos importancia. La palabra se hizo para exagerar nuestras sensaciones e impresiones todas… acaso para creerlas. La palabra y todo género de expresión convencional, como el beso y el abrazo… No hacemos sino representar cada uno su papel. ¡Todos personas, todos caretas, todos cómicos! Nadie sufre ni goza lo que dice y expresa y acaso cree que goza y sufre; si no, no se podrÃa vivir. En el fondo estamos tan tranquilos. Como yo ahora aquÃ, representando a solas mi comedia, hecho actor y espectador a la vez. No mata más que el dolor fÃsico. La única verdad es el hombre fisiológico, el que no habla, el que no miente…».
Oyó un golpecito a la puerta.
—¿Qué hay?
—¿Es que no va usted a cenar hoy? —preguntó Liduvina.
—Es verdad; espera, que allá voy.