Niebla
Niebla —No haga usted caso de lo que le dije. ¡Lo pasado, pasado!
—SÃ, siempre es lo pasado pasado, ni puede ser de otra manera.
—Usted me entiende. Y yo quiero que no dé a mi aceptación de su generoso donativo otro sentido que el que tiene.
—Como yo deseo, señorita, que no dé a mi donativo otra significación que la que tiene.
—AsÃ, lealtad por lealtad. Y ahora, como debemos hablar claro, he de decirle que después de todo lo pasado y de cuanto le dije, no podrÃa yo, aunque quisiera, pretender pagarle esa generosa donación de otra manera que con mi más puro agradecimiento. Asà como usted, por su parte, creo…
—En efecto, señorita, por mi parte yo, después de lo pasado, de lo que usted me dijo en nuestra última entrevista, de lo que me contó su señora tÃa y de lo que adivino, no podrÃa, aunque lo deseara, pretender cotizar mi generosidad…
—¿Estamos, pues, de acuerdo?
—De perfecto acuerdo, señorita.
—Y asÃ, ¿podremos volver a ser amigos, buenos amigos, verdaderos amigos?
—Podremos.