Niebla
Niebla —¿Como las otras? ¿Como qué otras?
—¡Pues pocos pretendientes que ha tenido la señorita…!
—Ah, ¿pero ahora está vacante?
—¿Ahora? No, no, señor, tiene algo asà como un novio… aunque creo que no es sino aspirante a novio… Acaso le tenga en prueba… puede ser que sea interino…
—¿Y cómo no me lo dijo?
—Como usted no me lo preguntó…
—Es cierto. Sin embargo, entréguele esta carta y en propias manos, ¿entiende? ¡Lucharemos! ¡Y vaya otro duro!
—Gracias, señor, gracias.
Con trabajo se separó de allà Augusto, pues la conversación nebulosa, cotidiana, de Margarita la portera empezaba a agradarle. ¿No era acaso un modo de matar el tiempo?