Niebla
Niebla —¿Por dentro?, ¿por dentro de quién?, ¿de ti?, ¿de mÃ? Nosotros no tenemos dentro. Cuando no dirÃan que aquà no pasa nada es cuando pudiesen verse por dentro de sà mismos, de ellos, de los que leen. El alma de un personaje de drama, de novela o de nivola no tiene más interior que el que le da…
—SÃ, su autor.
—No, el lector.
—Pues yo te aseguro, VÃctor…
—No asegures nada y devórate. Es lo seguro.
—Y me devoro, me devoro. Empecé, VÃctor, como una sombra, como una ficción; durante años he vagado como un fantasma, como un muñeco de niebla, sin creer en mi propia existencia, imaginándome ser un personaje fantástico que un oculto genio inventó para solazarse o desahogarse; pero ahora, después de lo que me han hecho, después de lo que me han hecho, después de esta burla, de esta ferocidad de burla, ¡ahora sÃ!, ¡ahora me siento, ahora me palpo, ahora no dudo de mi existencia real!
—¡Comedia!, ¡comedia!, ¡comedia!
—¿Cómo?
—SÃ, en la comedia entra el que se crea rey el que lo representa.
—Pero ¿qué te propones con todo esto?