Niebla
Niebla —Distraerte. Y además, que si, como te decÃa, un nivolista oculto que nos esté oyendo toma nota de nuestras palabras para reproducirlas un dÃa, el lector de la nivola llegue a dudar, siquiera fuese un fugitivo momento, de su propia realidad de bulto y se crea a su vez no más que un personaje nivolesco, como nosotros.
—Y eso ¿para qué?
—Para redimirle.
—SÃ, ya he oÃdo decir que lo más liberador del arte es que le hace a uno olvidar que exista. Hay quien se hunde en la lectura de novelas para distraerse de sà mismo, para olvidar sus penas…
—No, lo más liberador del arte es que le hace a uno dudar de que exista.
—Y ¿qué es existir?
—¿Ves? Ya te vas curando; ya empiezas a devorarte. Lo prueba esa pregunta. ¡Ser o no ser!…, que dijo Hamlet, uno de los que inventaron a Shakespeare.
—Pues a mÃ, VÃctor, eso de «ser o no ser» me ha parecido siempre una solemne vaciedad.
—Las frases, cuanto más profundas, son más vacÃas. No hay profundidad mayor que la de un pozo sin fondo. ¿Qué te parece lo más verdadero de todo?
—Pues… pues… lo de Descartes: «Pienso, luego soy».
—No, sino esto: A = A.
—Pero ¡eso no es nada!