Niebla
Niebla —¡No, eso no!, ¡eso no! —le dije vivamente—. Yo necesito discutir, sin discusión no vivo y sin contradicción, y cuando no hay fuera de mà quien me discuta y contradiga invento dentro de mà quien lo haga. Mis monólogos son diálogos.
—Y acaso los diálogos que usted forje no sean más que monólogos…
—Puede ser. Pero te digo y repito que tú no existes fuera de mÃ…
—Y yo vuelvo a insinuarle a usted la idea de que es usted el que no existe fuera de mà y de los demás personajes a quienes usted cree haber inventado. Seguro estoy de que serÃan de mi opinión don Avito Carrascal y el gran don Fulgencio…
—No mientes a ese…
—Bueno, basta, no le moteje usted. Y vamos a ver, ¿qué opina usted de mi suicidio?
—Pues opino que como tú no existes más que en mi fantasÃa, te lo repito, y como no debes ni puedes hacer sino lo que a mà me dé la gana, y como no me da la real gana de que te suicides, no te suicidarás. ¡Lo dicho!