Niebla
Niebla —Eso de no me da la real gana, señor de Unamuno, es muy español, pero es muy feo. Y además, aun suponiendo su peregrina teorÃa de que yo no existo de veras y usted sÃ, de que yo no soy más que un ente de ficción, producto de la fantasÃa novelesca o nivolesca de usted, aun en ese caso yo no debo estar sometido a lo que llama usted su real gana, a su capricho. Hasta los llamados entes de ficción tienen su lógica interna…
—SÃ, conozco esa cantata.
—En efecto; un novelista, un dramaturgo, no pueden hacer en absoluto lo que se les antoje de un personaje que creen; un ente de ficción novelesca no puede hacer, en buena ley de arte, lo que ningún lector esperarÃa que hiciese…
—Un ser novelesco tal vez…
—¿Entonces?
—Pero un ser nivolesco…
—Dejemos esas bufonadas que me ofenden y me hieren en lo más vivo. Yo, sea por mà mismo, según creo, sea porque usted me lo ha dado, según supone usted, tengo mi carácter, mi modo de ser, mi lógica interior, y esta lógica me pide que me suicide…
—¡Eso te creerás tú, pero te equivocas!