Niebla
Niebla Luego entró al Instituto y por las noches era su madre quien le tomaba las lecciones. Y estudió para tomárselas. Estudió todos aquellos nombres raros de la historia universal, y solÃa decirle sonriendo: «Pero ¡cuántas barbaridades han podido hacer los hombres, Dios mÃo!». Estudió matemáticas, y en esto fue en lo que más sobresalió aquella dulce madre. «Si mi madre llega a dedicarse a las matemáticas…», se decÃa Augusto. Y recordaba el interés con que seguÃa el desarrollo de una ecuación de segundo grado. Estudió psicologÃa, y esto era lo que más se le resistÃa. «Pero ¡qué ganas de complicar las cosas!», solÃa decir a esto. Estudió fÃsica y quÃmica e historia natural. De la historia natural lo que no le gustaba era aquellos motajos raros que se les da en ella a los animales y las plantas. La fisiologÃa le causaba horror, y renunció a tomar sus lecciones a su hijo. Sólo con ver aquellas láminas que representaban el corazón o los pulmones al desnudo presentábasele la sanguinosa muerte de su marido. «Todo esto es muy feo, hijo mÃo —le decÃa—; no estudies médico. Lo mejor es no saber cómo se tienen las cosas de dentro».