Niebla
Niebla —Pero, mujer, ¡si ella no ha manifestado que le disgusten las venidas acá de don Augusto!… ¡Hay que ganarla a puño, amigo, a puño! Ya irá usted conociéndola y verá de qué temple es. Esto es toda una mujer, don Augusto, y hay que ganarla a puño, a puño. ¿No querÃa usted conocerla?
—SÃ, pero…
—Entendido, entendido. ¡A la lucha, pues, amigo mÃo!
—Cierto, cierto, y ahora ¡adiós!
Don FermÃn llamó luego aparte a Augusto, para decirle:
—Se me habÃa olvidado decirle que cuando escriba a Eugenia lo haga escribiendo su nombre con jota y no con ge, Eujenia, y del Arco con ka: Eujenia Domingo del Arko.
—Y ¿por qué?
—Porque hasta que no llegue el dÃa feliz en que el esperanto sea la única lengua, ¡una sola para toda la humanidad!, hay que escribir el castellano con ortografÃa fonética. ¡Nada de ces!, ¡guerra a la ce! Za, ze, zi, zo, zu con zeta, y ka, ke, ki, ko, ku con ka. ¡Y fuera las haches! ¡La hache es el absurdo, la reacción, la autoridad, la edad media, el retroceso! ¡Guerra a la hache!
—¿De modo que es usted foneticista también?
—¿También?, ¿por qué también?