Paz en la guerra
Paz en la guerra Cuando supo que se trataba de hacer votar a los curas la ley de matrimonio civil, que habÃa de regir desde setiembre, exclamó alborozado: ése, ése es el camino.
DÃa de Ãntima remoción de recuerdos y de afectos fue para Pedro Antonio aquel en que al inaugurarse en el cementerio de la villa el monumento en memoria de los que murieron defendiéndola contra los soldados de Carlos V, en la guerra de los siete años, le recordó el predicador, en sermón al aire libre, sobre la silenciosa muchedumbre, la noche de Luchana, aquel combate nocturno en medio del huracán y la nieve arremolinada, a «la hora en punto en que en los templos del orbe católico se entonaba el: Gloria a Dios en las alturas, en la tierra paz; a los hombres, buena voluntad». Contemplaba el chocolatero a lo lejos los montes testigos de la vieja lucha, tras de aquella matrona de piedra que alzaba en sus manos sendas coronas, para vencidos y vencedores, confundidos aquel dÃa en una oración común del predicador. Terminó éste con un: ¡Gloria a Dios, paz a los muertos, unión y caridad entre lo vivos!
—¡Por Dios! —exclamó Pedro Antonio al oÃr a Gambelu que era liberal y masón aquel sacerdote que le habÃa removido el poso del alma.