Paz en la guerra
Paz en la guerra Después de la gran manifestación del 18 de junio, vigésimo quinto aniversario de la exaltación de Pío lX al solio pontificio, de aquella explosión de triduos, colgaduras e iluminaciones, de aquella fiesta en que a las barbas mismas del rey intruso, hijo del carcelero del papa, se hartaron de gritar ¡viva el papa rey!, hablaba el tío Pascual de guerra, lo cual hacía suspirar a Pedro Antonio, que pensaba en sus ahorros puestos a la causa.
Gambelu, irritado por el nombramiento de la Diputación liberal intrusa, pedía que se entendieran don Carlos y Cabrera.
—¡Tanta ley, tanta constitución, tanto reglamento! —exclamaba—. Aquí vivimos hace siglos con nuestros buenos usos y costumbres... Para los buenos bastan los mandamientos de la ley de Dios, para los demás hecha la ley, hecha la trampa...
Y como él pensaban todos aquellos hombres, para quienes pensar era obrar.
—¡Democracia la nuestra! Cuando venga el Rey, ¡de él abajo ninguno! —y continuaba desarrollando su programa de ¡guerra a la ciudad! y ¡duro en el rico!