Paz en la guerra
Paz en la guerra —¡Nochebuena! Hoy hace treinta y seis años entró aquà Espartero... ¡Nochebuena, nochebuena! ¡Qué noche tan mala aquélla! Muchos chicos se habÃan ido a celebrar gabón con sus padres... Nevaba...
Relató una vez más la noche de Luchana, concluyendo:
—¡Si viviera don Tomás...! A mi edad cargarÃa aún con el chopo...
—No digas eso, Peru Antón...
—Calla, querida, calla; ¿qué sabes tú de estas cosas? Aquà tenemos a Ignacio; no ha de ser menos que yo..., para algo le hemos criado, y es hijo de su padre...
Esta voz, brotada de lo Ãntimo del padre, sacudió las entrañas al hijo, que aquella noche, insomne en el lecho por el hartazgo, sin poder pegar ojo, daba vueltas y más vueltas, revolviendo en su mente su mundo interior. La carne, ahÃta de cebo, le hostigaba, trayéndole visiones del burdel; la sangre, febricitada por el vino, evocábale a la vez escenas de guerra; y allá, en el último término, cual fondo permanente, flotaba indecisa la imagen de las montañas.
¡Petición tenemos!, se dijo Pedro Antonio, cuando a los pocos dÃas le llamó aparte don José MarÃa.
—¡El hijo daré, pero lo que es dinero, no suelto más ya!