Paz en la guerra
Paz en la guerra «Habían confundido en el polvo del desprecio y del olvido», llenándola de insultos, a la dinastía intrusa del extranjero, del hijo del descomulgado carcelero del inmortal Pío IX, y redoblaron las proclamas al estrépito de la «escandalosa algazara de la bacanal revolucionaria», seguros de que «lo que Dios hace es permanente y flota sobre las tempestades de la tierra». Anunciaban que había sonado la hora. «¿Qué es lo que esperaban cuando la sociedad se derrumbaba, les amenazaba el caos y se acercaban las aguas del diluvio?, ¿cuando estaba la religión de su padres oprimida, la patria ultrajada, la monarquía legítima vilipendiada y amenazada la propiedad?, ¿cuando se lamentaba el sacerdote mendigando su sustento, gemía la virgen del Señor, y los amos de negros de Puerto Rico eran amenazados en sus intereses? ¡Vencer o morir!, que el Dios de los ejércitos no abandona a los suyos, si agrupados con fe enderredor a la bandera santa que tremoló en Covadonga y venció en Bailén, sin contar el número de los enemigos, quieren de veras, siendo esclavos, ser libres.»