Paz en la guerra
Paz en la guerra Recordábase a los catalanes sus glorias pasadas, cuando impusieron leyes al Oriente; a los aragoneses la Virgen del Pilar, expulsadora de los soldados de la Revolución francesa, que pelearÃa a su lado; a los astures la sombra de Pelayo y la Virgen de Covadonga; y azuzábase a los castellanos contra «la Babilla de cÃnicos e infames especuladores, mercaderes impúdicos, tiranuelos de lugar, polizontes vendidos, que, como los sapos, se hinchaban en la inmunda laguna de la expropiación de los bienes de la Iglesia»; contra «los mismos que les prestaban el dinero al treinta por ciento, los que les dejaron sin montes, sin dehesas, sin hornos y hasta sin fraguas, los que se hicieron ricos comprando con cuatro cuartos y mil picardÃas todos los predios de la riqueza común, y lo hicieron gritando unas veces ¡orden! y otras ¡anarquÃa!» «Va a ser barrida tanta inmundicia y cieno; el dÃa de la liquidación está cerca.»
Llamábanles ¡a las armas!; iban a arrojar de su seno a los hojalateros, a los que de las ruinas del moderantismo volteriano se levantaban traidores y raquÃticos, a los que prepararon y amasaron con sangre de leales la negra traición de Vergara; el apático y el seducido iban a morder el polvo de su amargo remordimiento.