Paz en la guerra
Paz en la guerra ¡Tener que ir agregado a una masa, como mera porción de ella, al paso de los demás! Y luego ¡aquel formalismo de la disciplina! ParecÃale ridÃculo, simplemente ridÃculo. En tratándose de un ejército regularmente organizado, dispuesto con todo rigor matemático, encasillado en sus cuadros; en tratándose de un ejército que ha de maniobrar en gran parada, a la vista de los honrados padres de familia que con sus hijos de la mano acuden al espectáculo, ¡santo y bueno! Pero allÃ, en el monte, en el monte libre, ¿a qué conducÃan ciertos detalles? Sin darse cuenta clara de ello, columbraba vagamente Ignacio que no es lo que de ordinario se llama disciplina lo que hace el orden de cualquier fuerza armada; que ellos no debÃan formar nunca ejército; que asà que se hicieran soldados regulares, dejarÃan de ser lo que les daba eficacia y sentido. Y es que, en verdad, buscar en la montaña el ejército regular y sistematizado según el patrón táctico moderno, era como la busca del programa definido por don José MarÃa. ¿No es acaso el liberalismo, que combatÃan, el creador de esos ejércitos?