Paz en la guerra
Paz en la guerra Echóse a la calle, temprano afín, cuando recorriéndola el tamborilero, con su casaca encarnada y su pantalón azul, despertaba con el pito a los dormilones. La alborada de tamboril y pito era en la villa, recogida entre montañas verdes, en sus calles habitadas por hijos de campesinos, el canto del pájaro enjaulado que recuerda el bosque en que nació. Las piantes notas del pito, agrias como el verde de las montañas, al brincar sobre el acompasado y monótono tuntún del tamboril, llevaban a don Miguel gusto a la frescura campesina, en que sobre el continuo murmurio del arroyo caracolean los trinos de los pájaros.
Cruzaban la calle grupos de jóvenes con boina roja y pantalones de dril blanco, saltando y gritando; mostrábase alguno que otro armado de cazador de becaligos, de chimbero, con sus adminículos todos, su escopeta, su burjaca, su cartuchero, capuzonero, polvorinero colgante de cordón verde, su zurroncilla con la gallifa de pan y merluza frita, calzado de polainas, y seguido de su complemento, el perrillo chimbero, de color castaño, lanudo, de fino hocico. ¡Cuántas veces saliera así, lleno de infantil frescura, él, don Miguel, cuando ya cantaba su alegre pío el petirrojo de collar anaranjado, el que saluda al sol cuando al romper el día deja sus sábanas de bruma, y le da las buenas noches cuando entre purpurinas nubes se acuesta!