Paz en la guerra

Paz en la guerra

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al siguiente día, blindáronse puertas y ventanas, con sacos de tierra en unas partes, en otras con tablones de madera y cueros de buey. Parecía el banco una tenería; por sus huecos todos aparecían abigarradas pieles. Los tablones que se pusieron en las ventanas del almacén de Arana, cerrando entrada a la luz, aumentaban la triste lobreguez de la tienda y la del alma de doña Micaela, en puro sobresalto, sin sosiego, por todo temblorosa. Aquella noche despertó a todos con un grito de angustioso terror; había sentido unas patas finas por la frente, el paso leve de un ser invisible. Tuvieron que prepararle una cama, acostóse con fiebre, y empezó para Rafaela la triste distracción de aquellos días. Pasábanse el día entero con luz artificial, entre paredes que resudaban humedad inveterada, en un continuo Jesús la pobre madre, preguntando por su marido y sus hijos a cada momento.

El pueblo presentaba extraño aspecto; blindados los bajos de las casas, y formando aduares las familias recogidas en lonjas, tiendas, almacenes y sótanos, para proseguir el curso de la vida ordinaria en lo que dio en llamarse las catacumbas. El peligro aunó familias, hizo del pueblo todo una sola, apiñada frente a la suerte dura; andábase por la calle como de casa; un puchero, hecho más de una vez en el portal, sería para más de una familia, y en un hogar ardía fuego de varios hogares.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker