Paz en la guerra
Paz en la guerra Saben ustedes —decÃa una vieja una mañana en el portal de Arana— que están haciendo una mina para entrar de noche...
—¡No diga usted disparates, mujer de Dios!
—¡SÃ, disparates! El disparate es entercarse en resistir...
—¡Silencio!
—¡Que se calle!
—¡Carlistona!, ¡al monte!, ¡a la cárcel!
—Esto es lo que hay que ver..., unos comen gato, ¡uf!, ¡qué asco!..., otros ratas... ¿Y el vino?, aguardiente bala rasa, del peor, y palo de campeche...
—Pues mire usted que los defensores de la religión, buenas están dejando las iglesias... Se ve cada cosa...
—Eso diga usted, a milagro por dÃa..., mire usted que caer una bomba junto a la cuna del niño y no reventar. La apagarÃa el ángel de su guarda...
—¿Y la que mató al capellán que dormÃa en la sacristÃa, con la cabeza que arrancó al santo..., fue milagro?
—Anoche han puesto en una avanzada un pedazo de pan blanco al lado de uno de estos negros...
—¿Y qué?
—Que ya nos queda que contar..., una gallina siete duros, la leche a seis reales cuartillo, a doce un par de huevos..., ¡vivir para ver!