Paz en la guerra
Paz en la guerra «¿Se me conocerá que he llorado?», pensó.
Don Miguel contaba mil detalles cómicos de las sesiones del llamado tribunal de las latas, por las de conservas alimenticias que constituÃan gran parte de las provisiones.
—¡Qué de riñas que se arman! «Esta señora no ha querido darme una lata de atún con tomate en menos de doce reales, cuando el bando marca seis...» ¡Tiene gracia! Cuando pase esto lo contaremos, y verán cómo el bato no puede tomar a Bilbao... Mañana función en el teatro, en obsequio al bello sexo; irás, ¿no es asÃ, Rafaelilla?
—El luto...
—Qué luto ni qué... Ahora no hay luto ni etiquetas.
Fuese Rafaela a la fiesta, donde era grande la concurrencia. El pueblo se dio allà cita para que el vigoroso ánimo que de su reunión brotase se vertiera en todos. Hubo orquesta y coros; se ensayó el himno y jota de los auxiliares. Y cómo resonó en los corazones lo de
Somos auxiliares,—sin color ni grito,
Somos defensores—de este pueblo invicto,
Somos liberales, —y derramaremos
¡Toda nuestra sangre—por la libertad!
¡Por la libertad!—¡Por la libertad!
¡Libertad, libertad!