Paz en la guerra
Paz en la guerra Dios que nos protege —Dios que nos atiendeSabe que este pueblo—su gloria defiende,Si su suerte aciaga—es morir luchando,
Sépase que muere—por la libertad.
Y volvÃa a repetirse en entonado machaqueo la palabra libertad, la gloria de Dios, por lo visto.
A Rafaela le oprimÃa el pecho aquel otro canto arrastrado y lento en que se presentaba el pacÃfico mercader, armado entonces, saludando a su Dios, a su patria y a su madre.
Cuando todos en nuestras faenas
Ocupados estemos en paz,
Recordando del sitio las penas
Llorarán nuestras madres quizás.
No, su madre no llorarÃa ya.
Salieron reconfortados; con nuevos brÃos.
Sucediéronse las serenatas en que se entonaban canciones de una inspiración tosca y ramplona, en que convirtiéndose el chiste en insulto, se llamaba al enemigo: asesino, incendiario, caribe, fariseo, cobarde; canciones en que los escarapelas, los de la gorrita de higo, se presentaban, ante las niñas bilbaÃnas, risueños frente a los caribes escondidos en los montes.