Paz en la guerra
Paz en la guerra —¿Carlistona? ¿Carlistona mi agüela?, si te meto una... ¡Anda! Dite atrás eso..., si no dises atrás eso te rompo los morros...
—¡Qué han de entrar! ¡Si les tienen un miedo a los caballos de frisa...! ¿No has visto?
—¡No!, ¿cómo son?, ¡dile!
—Los de la Sendeja, en la baterÃa de la muerte... ¡te tienen unos pinchos...!
—¿Y qué? La otra ves te trajeron unos moros pa saltar las trincheras...
—¡Nos ha meao éste en medio medio del ojo...!, eso dise tamién tu agüela...
—¿Unos moros? ¿Como aquellos que saltaban en la plasa de toros por ensima de las bayonetas...?, ¿no te alcuerdas?, ¿como aquéllos?... ¡Oivá! Y tomarán breada desde el Campo pa saltar mejor...
—¡Callat'ai lerdo!, pa que le cres a ese... A encajar trolas ande su agüela... ¡En cuanto les ven a los de Vinagre, soleta! —¿Los moros?
—¡Los carlistas, lerdo!
Formábanse una fresca y poética visión de la guerra, una visión enteramente homérica, zurciendo con detalles de lo que veÃan, sueños y retazos de cosas entreoÃdas y vislumbradas.