Paz en la guerra
Paz en la guerra ¡Qué gustazo oír contar aquellas cosazas y tener que contarlas! ¡Qué gustazo bordar mentiras sobre la verdad y poetizar la guerra! Oíanse con la boca abierta; mientras los mayores sufrían la guerra sacábanle ellos la poesía. Viviendo al día, con voluntad virgen, descuidados del mañana y desinteresados de las pasiones que agitaban la lucha, ciegos a las consecuencias, las causas y el fondo de ella, veían sólo su forma pura, un juego preñado de inusitadas emociones.
Y entre tanto la ansiada libertad tardaba. El 25 de abril el jefe de la plaza resumía las angustias de la villa y el desaliento que la iba ganando, en este parte cifrado y dirigido al ministro de la Guerra: «Mañana concluye el maíz. Pueblo sin pan, sin arroz, sin tocino en venta. La tropa con mediano rancho; le daré café. Sin vino. La situación se agrava; procuro sostener el buen espíritu, pero hay malestar y nace desconfianza de poder o querer salvarnos. Combato enérgicamente esta idea y aún castigaré si se propala».