Paz en la guerra
Paz en la guerra —¡Estos son de infanterÃa de marina!
—Mira, mira, aquél es coronel...
—No, tonto, teniente coronel...
Este llevaba el brazo en cabestrillo, aquél vendada la cabeza, empolvados todos. TraÃan pan, carne, bacalao, periódicos, noticias del resto del mundo, cartas atrasadas.
Recibieron en casa de Arana a dos oficiales y seis rasos, que andaban los pobres en puntillas, cuchicheando bajito. Los oficiales fantasearon sobre las jornadas de Somorrostro, y unos y otros, libertadores y libertados, competÃan en narrar infortunios, como viejos amigos, ponderando cada cual sus sufrimientos, a competencia. ¡Cuánto tenÃan que contar! Ahora gozaban con lo pasado, ahora que lo habÃan reducido a recuerdo, ahora que, depurados sus sufrimientos del doloroso presente, entraban en el pasado, inexhausto fondo de poesÃa. ¡Cuánto tenÃan que contar a los venideros! Entonces supieron los de dentro, los de la villa, cómo habÃan estado sin municiones de guerra, entre la vida y la muerte.
Doña Mariquita manifestaba su alegrÃa mostrando un profundo desprecio hacia los derrotados sitiadores, comparándolos con aquellos otros que intentaron asaltar la villa en la otra guerra.