Paz en la guerra
Paz en la guerra —Todo esto es andarse por las ramas —exclamaba el cirujano—, ¡valiente empeño el de tomar a Bilbao y defender a Estella! Lo mejor serÃa que, dejándonos de jugar al escondite en estas montañas, nos fuéramos derechitos a Madrid, y que ocupen si quieren estas provincias ellos. A la cabeza..., a la cabeza...
—Esa fue la manÃa de la otra guerra —decÃa Pedro Antonio— y ya ve usted lo que se sacó de aquellas famosas expediciones...
—No haga usted caso, que ahora no es como entonces...
—Unos desde aquÃ, desde Cataluña otros, otros desde el Centro.., y ¡adiós Madrid!
—Bueno —exclamaba don Emeterio—, supónte que estamos ya en Madrid, ¿qué hacemos all�
—¿Que qué hacemos?
—SÃ, ¿qué hacemos?
—Hombre, eso... ¡ni se pregunta!
—Pues eso es lo que pregunto yo... Lo principal, no le des vueltas, es dominar aquà del todo..., de lo de después no debemos preocuparnos todavÃa. AquÃ, aquÃ, al arrimo de nuestros montes...
«¡Qué de cosas no se les ocurrirÃan a don Eustaquio, y a Gambelu, y hasta a don Braulio, si estuviesen aquÃ!», pensaba entre tanto Pedro Antonio, distraÃdo con la tertulia, enlazándola con aquellas otras, recogidas e Ãntimas, del rinconcito de su chocolaterÃa.