Paz en la guerra
Paz en la guerra Pedro Antonio Iturriondo habÃa nacido con la Constitución, el año doce. Fueron sus primeros de aldea, de lentas horas muertas a la sombra de los castaños y nogales o al cuidado de la vaca, y cuando de muy joven fue llevado a Bilbao a aprender el manejo del majadero bajo la inspección de un tÃo materno, era un trabajador serio y tÃmido. Por haber aprendido su oficio durante aquel decenio patriarcal debido a los Cien Mil Hijos de San Luis, el absolutismo simbolizó para él una juventud calinosa, pasada a la penumbra del obrador los dÃas laborables, y en el baile de la campa de Albia los festivos. De haber oÃdo hablar a su tÃo de realistas y constitucionales, de apostólicos y masones, de la regencia de Urgel y del ominoso trienio del 20 al 23 que obligara al pueblo, harto de libertad según el tÃo, a pedir inquisición y cadenas, sacó Pedro Antonio lo poco que sabÃa de la nación en que la suerte le puso, y él se dejaba vivir.
