Diálogo de las cosas acaecidas en Roma

Diálogo de las cosas acaecidas en Roma

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A la fe, temíase de su poca justicia. Si no, mirad que luego que salió fuera del castillo de Milán se juntó con los enemigos del Emperador. Y también, ¿qué tenía el Papa que hacer en esto? Si un príncipe quiere castigar su vasallo, ¿hase él de entremeter en ello? Y aunque lo hubiese de hacer y fuese este su oficio, ¿no bastaba que el Emperador le envió a don Hugo de Moncada, ofreciéndole todo lo que él pedía? ¿Qué hombre hay en el mundo que no quisiera más uno en paz que dos en guerra, cuanto más dándole con la paz todo lo que él pedía con la guerra? Si el Papa tanto deseaba que el duque Francisco Esforcia fuese restituido en su Estado, solamente porque ni el Emperador se quedase con él ni lo diese al infante don Fernando, su hermano, ¿por qué no aceptaba lo que don Hugo de Moncada le ofreció de parte del Emperador, que era contento que aquel Estado estuviese en poder de terceros hasta que la justicia del Duque fuese vista, y que, si no tenía culpa en lo que le acusaban, prometía de hacérselo luego restituir, y si se hallase culpado y hubiese de ser privado de su Estado, su Majestad prometía de no tomarlo para sí ni darlo al infante don Fernando, su hermano, sino al Duque de Borbón, que era uno de los que el mismo Papa para esto había nombrado primero? ¿Queréis que os diga? El Papa pensaba tener la cosa hecha, y que, desbaratado el ejército del Emperador, no solamente lo echarían de Lombardía, mas de toda Italia y le quitarían todo el reino de Nápoles, como tenían concertado y aun entre sí partido; y con esta esperanza el Papa no quiso aceptar lo que con don Hugo el Emperador le ofreció.


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