Diálogo de las cosas acaecidas en Roma
Diálogo de las cosas acaecidas en Roma
ARCEDIANO:
Antes no fue por eso, sino que ya él estaba concertado con los otros y no quería romper la fe que les había dado.
LACTANCIO:
¡Gentil achaque es ese! Y, ¿qué más miel tenía la fe que había dado al Rey de Francia para destruir la cristiandad que la que primero dio al Emperador para remedio de ella? Antes, de razón debía guardar la que dio al Emperador y romper la que dio al Rey de Francia. ¿No sabéis que juramento hecho en daño y perjuicio del prójimo no se debe guardar, cuanto más en daño de toda la cristiandad y en daño y perjuicio de la honra de Dios y de tanta gente como a esta causa ha padecido?
ARCEDIANO:
En eso yo confieso que tenéis mucha razón. Mas vos no consideráis que el ejército del Emperador amenazaba de venir sobre las tierras del Papa, y que el Papa, como buen príncipe, pues príncipe lo queréis llamar, es obligado a defenderlas, y sabéis vos muy bien que el derecho natural permite a cada uno que defienda lo suyo.
LACTANCIO: