Diálogo de las cosas acaecidas en Roma
Diálogo de las cosas acaecidas en Roma LACTANCIO:
¿Cómo?
ARCEDIANO:
TenÃa ya el Papa hecha otra nueva liga, muy más recia que la primera, en que el Rey de Inglaterra también entraba, y el Papa prometÃa de descomulgar al Emperador y a todos los de su parte, y privarlo de los reinos de Nápoles y Sicilia, y continuar contra él la guerra hasta que por fuerza de armas le hiciese restituir al Rey de Francia sus hijos.
LACTANCIO:
Gentil cosa era esa. ¿No fuera mejor hacer volver el ejército que encender otro nuevo fuego?
ARCEDIANO:
Mejor, pero al fin los hombres son hombres y no se pueden asÃ, todas veces, domeñar a lo que la razón quiere. Mas venid acá: aunque en todo lo que habéis dicho tengáis la mayor razón del mundo, ¿paréceos a vos gentil cosa que con aquellos alemanes, peores que herejes, y con aquella otra canalla de españoles e italianos, que no tienen fe ni ley, haya el Emperador permitido que se destruya aquella santa ciudad de Roma? Que, mala o buena, al fin es cabeza de la cristiandad y se le deberÃa tener otro respeto.