Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Luego tuvo un acceso de imprevista serenidad. Siguió al dormitorio, lo abrió y penetró a grandes pasos. Volvió a salir, y aclarose tosiendo el pecho, del que salió entonces uno como restallido de madera que corre, tropieza, trota y se arrastra sobre la punta de un clavo inmóvil e inexorable. Traía el espejo en una mano. Como quien no hace nada, se vio en el cristal un segundo, pero apenas un segundo de tiempo, y, apartándolo, se quedó tieso como si fuera de palo. ¿Qué vio? ¿La imagen desconocida? ¿No vio más que la suya? Miró a todas partes con modo tranquilo y amplio; miró hacia la huerta, imperturbable, seguro, iluminado.