Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos SÃ. Alguien le seguÃa. Alguien que asà esbozaba y denunciaba, a su pesar, su presencia, en rumor volandero, en imagen fugaz, en roce taimado, en impune esquinazo de piel… Balta hizo un agudo mohÃn de furiosa indignación. Estiró el cuello, en ademán de escuchar hacia arriba, perplejo, arrobado, como hacen las aves asustadas, cuando pasa por lo alto un vuelo tempestuoso de águila, cóndor o gallinazo fúnebre. El cielo estaba negro y muy bajo. SÃ. Alguien le seguÃa. Un bribón desconocido o un amigo bromista. Balta sintiose burlado. «A lo mejor —se dijo— alguien está jugando conmigo…». Y se indignó más todavÃa. Acordose de la tarde de junio, en que por primera vez sorprendió al intruso, con el auxilio del espejo, en el corredor de la casa del pueblo. Recordó también que cierto caballero de la aldea, a quien traicionaba su mujer, sorprendió al traidor precisamente por un juego de espejos que una feliz coincidencia puso ante sus ojos. Otra vez pasó su pensamiento a Adelaida. Y pensó: ¿cómo era que ella no se hubiera percibido en ninguna ocasión de la presencia de aquel sabueso? ¡Adelaida ama al otro! ¡Al del espejo! SÃ. ¡Oh cruel revelación! ¡Oh tremenda certidumbre!…